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OPINIÓN/SALVEMOS LA AGRICULTURA DE LA PLAGA PROGRESISTA

OPINIÓN/SALVEMOS LA AGRICULTURA DE LA PLAGA PROGRESISTA

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Algunas especies han campado a sus anchas en nuestros campos y han crecido en número de una forma exponencial

En la Comunidad Valenciana el peso de la agroalimentación sobre el PIB es el 4,5% del PIB y 4,6% del empleo, tiene especial relevancia en el mercado exterior.

Del total de las exportaciones españolas del sector, la Comunidad Valenciana aporta el 12,5%, con una cifra de ventas al exterior de 6.286 millones de euros.


Cualquier persona con dos dedos de frente, al ver estas cifras entiende que tenemos la obligación racional de mimar y proteger el sector de la agricultura en nuestros municipios.

ALZISAN Ecologico y tradicional


La agricultura fue nuestro primer motor económico, ha sido durante muchos años la forma que hemos tenido los valencianos de darnos a conocer en todo el mundo y es y ha sido el sustento para la mayoría de la población durante décadas en nuestras tierras.


Este sector ha sobrevivido a todo tipo de contingencias a lo largo de la historia y siempre ha logrado mantenerse gracias a los agricultores y a su trabajo. Un ejemplo de esta supervivencia lo hemos podido comprobar hace bien poco, con motivo de la pandemia del COVID-19, la industria agroalimentaria ha seguido funcionando al 100% para abastecer a los mercados durante el confinamiento, garantizando en todo momento que los productos frescos llegaran a todos los consumidores.


Pero ahora, debido al confinamiento, al bajar la actividad de una forma tan drástica, algunas especies han campado a sus anchas en nuestros campos y han crecido en número de una forma exponencial hasta convertirse en plagas que están causando graves daños a nuestros cultivos y a la infraestructura de estos.


Si los que nos gobiernan tuvieran dos dedos de frente y miraran más allá de la ideología habrían puesto en marcha medidas y actuaciones para poder contener de una manera coordinada estas plagas, pero lejos de tomar medidas al respecto están dejando de lado a los agricultores y miran hacia otro lado.


Hasta hace algún tiempo, con el fin de establecer un equilibrio cinegético en nuestro entorno, las autoridades contaban con la ayuda de los cazadores que en batidas controladas y bajo estudios previos de la población de las especies para no alterar el ecosistema de nuestra zona, contenían la proliferación desmedida de estas especies.
Tal y como el profesor Christian Gortazar asegura “La caza supone el aprovechamiento de un recurso natural renovable, al igual que ocurre con otras producciones forestales como puedan ser las setas. Pero a diferencia de estas últimas, no cazar (no cosechar la producción anual) da lugar a una proliferación no deseada de determinadas poblaciones animales.”


El crecimiento de las poblaciones de jabalí y conejos se ha visto acelerado en ausencia de caza. El crecimiento de las poblaciones de estos animales supone la invasión de zonas de cultivo y un riesgo sanitario, así como un aumento de los accidentes en carretera. La caza contribuye de forma muy significativa a su regulación.
El estudio pormenorizado del hábitat natural que nos rodea, el censo de animales según su especie y la atención puesta a las características propias de nuestros cultivos junto con un plan de batidas programadas por parte de la administración sería la forma idónea para contener las plagas que amedrentan nuestros cultivos.


Pero este gobierno de extrema izquierda que está al frente de las instituciones sigue su programa ecologista trasnochado, populista y enajenado de la realidad que está asentado en mantras sacados del manual del neo-comunista de salón, donde la caza ha pasado a ser un divertimento cruel propio de asesinos de la derecha.


A esta enajenación ideológica se suma la incompetencia y la pasividad de nuestros gobernantes, que con las herramientas a su disposición y con la ayuda del Consejo Agrario Local donde están representados todos los agentes afectados por esta situación se podría atajar este problema en cuestión de días, pero el Ejecutivo de Alzira tiene cosas más importantes que atender ya que dicho Consejo Agrario no lo convoca desde principios de año.


Este gobierno progre se refugia en campos que, a primera vista, solamente él domina, en la ecología, por ejemplo. El Sr Alcalde y su séquito revisten la realidad de los rasgos apocalípticos, mesiánicos y escatológicos del profeta iracundo del Antiguo Testamento. Salvo en sus palabras, los gobiernos de izquierda radical no hace nada por el medio ambiente.


Los agricultores son, además de la clase más conservadora, los que mejor conocen las necesidades ecológicas del medio. Raro es que un agricultor haga algo contra el medio ambiente del que vive.


Pero lejos de escuchar a quien de verdad entiende el medio ambiente que son los que a diario trabajan la tierra este gobierno progresista y al costat de les persones creyéndose en posesión de la verdad absoluta y tratando a los agricultores como idiotas imponen su ideario progresista y prefieren secundar movimientos antiglobalizadores de caché (protocolos de Kyoto y demás) antes que resolver el problema de sus vecinos.


Frente esta pasividad e incompetencia VOX plantea medidas reales para paliar el impacto de los daños por fauna cinegética en los cultivos agrícolas.
En concreto, por medio de la Proposición no de Ley que ha registrado en las Cortes, propone instar al Gobierno de la Nación a considerar la caza como actividad esencial. Únicamente con el objeto de poder realizar un control eficaz de las plagas cinegéticas, y evitar el crecimiento descontrolado de estas especies y los consiguientes daños a los cultivos agrícolas.


Asimismo, plantea crear incentivos para que las sociedades de cazadores del territorio aragonés participen activamente en dicha actividad.
Y, finalmente, habilitar una partida presupuestaria para hacer frente a posibles indemnizaciones.
Pero aquí y ahora tenemos gobiernos progresistas que son unos perfectos parásitos institucionales dispuestos a solidarizarse con el Camello Bactriano de Mongolia en vías de desaparecer, pero son incapaces de facilitar la vida a sus vecinos o, simplemente, hacer su trabajo.


La descomposición intelectual de la izquierda radical que nos gobierna no tiene por qué afectar el trabajo de nuestros agricultores, nuestros gobernantes deben bajar, al menos una vez al mes, a la realidad que vivimos el resto de mortales y hacer el trabajo que las urnas les encomendó, que es gobernar para todos y dejarse de posiciones idealistas que no dan de comer a nadie.

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