Home CULTURA Puente sobre el tiempo – Capitulo VI – de Mª Amparo Olivares
Puente sobre el tiempo – Capitulo VI – de Mª Amparo Olivares

Puente sobre el tiempo – Capitulo VI – de Mª Amparo Olivares

0
0

CAPITULO  VI

María sintió la presión de la mano de su nieto sobre la suya, volvió la mirada hacia él, y sonrió.

Banner 728×90 IDEA 12/12
ASEPYME central

-Es curioso comprobar cómo todos esos recuerdos, que parecían dormidos, han surgido en mi memoria con la misma intensidad que si los estuviese viviendo de nuevo.

-¿Estás cansada, abuela?naranjos helada

-No, estoy bien.-  ¿Sabes que es la primera vez que cuento algo tan intimo?

-¿Quieres decir que nunca dijiste a nadie lo que ocurría entre vosotros?

-Nadie lo supo jamás; aquella situación me avergonzaba y no quería que se descubriese.

-Pero abuela, tú no tenías la culpa de nada; fue el abuelo el único responsable. No tuvo valor suficiente de afrontar la verdad y te arrastró a una infelicidad que no merecías.

María asintió con la cabeza, suspiró profundamente, y miró hacia el horizonte; algunas nubes dispersas y ligeras iban salpicando el azul intenso del cielo.

-Sí, supongo que tienes razón, pero para él tampoco debió de ser fácil. Sé que ahora la juventud lo tomáis todo con una mayor naturalidad, y cada cual vive con arreglo a sus inquietudes sin preocuparse de la opinión de los demás. Pero en aquella época, las cosas eran muy diferentes, y por encima de todo debían guardarse las apariencias. Tu bisabuelo era un hombre muy conservador, camisa vieja de Falange, de la División Azul, así que jamás hubiese admitido que su hijo fuese homosexual. Tu abuelo le tenía mucho respeto. Bueno, más que respeto, miedo; así que se casó conmigo obligado por las circunstancias que lo rodeaban.

-De todas formas, fue cruel por su parte. Por lo menos debió de ser sincero contigo, para que tú también pudieses ser feliz.

-Al igual que tú, yo siempre le culpé y le hice responsable de todo. Con el paso del tiempo, me fui dando cuenta de que yo fui tan culpable como él al callarme aquello, bien fuese por temor al escándalo, por comodidad, o simplemente por cobardía. El conformismo me hizo igual de responsable.

-¿Cómo conseguisteis superarlo? Vuestras vidas en común debieron ser un infierno.

-No creas; el ser humano es muy complicado y se acostumbra a todo, incluso a la infelicidad. Estar separados gran parte del año nos ayudó a disimular. Tu abuelo gozaba de plena libertad en Holanda, y yo tenía a tu madre, que era mi tesoro. Creo que a partir de entonces comencé a mimarla con exceso, era como si quisiera volcar en ella todo el cariño que yo no percibía.

María se detuvo, respiró profundamente, volvió la mirada hacia el valle y comenzó de nuevo con su relato.

-Tienes razón al preguntarme cómo pudimos soportar aquello. No sé lo que realmente hubiese ocurrido con el tiempo. No hubo forma de saberlo; dos años después tu abuelo fallecía en un accidente de tráfico.

Nada más conocer la noticia de su muerte me trasladé a Holanda e insistí en que nadie me acompañase. Tenía miedo de que si lo hacían pudiesen enterarse de su homosexualidad. Según lo que pude averiguar del accidente, tu abuelo y su amigo regresaban de una fiesta un sábado por la noche; al parecer habían bebido mucho y en una curva, donde había unas placas de hielo, derrapó el coche e invadieron la calzada contraria. No pudieron reaccionar a tiempo y chocaron frontalmente contra un camión. Ambos murieron en el acto.

-¿Conducía el abuelo? –interrumpió Bernat.

-No, aunque no creo que tenga demasiada importancia. Los dos venían de pasarlo bien, y murieron juntos, como buenos amantes.

-Después de su muerte ¿revelaste a alguien su homosexualidad?

-No; jamás lo hice. Quería que el secreto muriese con él; pero muchos años después pude comprobar que los secretos nunca son tan secretos.

María guardó silencio. En su mente se agolpaban atropelladamente todos aquellos recuerdos. Pensó que debía de serenarse y no precipitarse, todas las cosas tenían que seguir un orden para que Bernat pudiese entenderlo y no tuviese la menor duda de todo aquello que formaba parte de su pasado.

Ante su silencio, él le preguntó:

-¿Qué pasó luego, abuela?

-Me convertí en una viuda de treinta y dos años a la que todo el mundo compadecía; estaban tan habituados a vernos como un matrimonio unido y feliz, que pensaban que no iba a poder superar la tragedia. En medio de todo ello, yo me encontraba extraña. Por un lado, sentía la muerte de tu abuelo, y más cuando pensaba que había ocurrido de forma tan trágica; pero por otra parte, entonces aún estaba muy dolida por su comportamiento, tengo que confesarte que no percibí ninguna angustia, como hubiese sido lo habitual en aquellas circunstancias. Supongo que aquella herida se había abierto muchos años antes, y ahora con su muerte…se cerraba de golpe.

María se detuvo de nuevo y miró a su nieto que la contemplaba en silencio.

-Quizás estés decepcionado al oírme hablar de esta manera, y más tratándose de la muerte de tu abuelo. Podía haberte mentido y decirte que su muerte me destrozó, pero no sería sincera contigo.

-Abuela, te agradezco que lo seas. Además me hago cargo de tus sentimientos; surgieron así y ya está. También hay que tener en cuenta que tú te casaste enamorada, y él no fue sincero contigo; el abuelo vivía como deseaba, mientras que tú eras prisionera de unas circunstancias. Con su muerte, simplemente, se abrieron las puertas de esa prisión –Bernat sonrió-. Ya te he dicho abuela que los de mi generación difícilmente nos escandalizamos.

-Me alegro de que seas tan comprensivo.

-¿Qué pasó luego abuela? – preguntó Bernat ansioso por conocer más detalles sobre sus progenitores.

María volvió la mirada hacia su nieto y sonrió.Naranjo helada

-Me pasaba los días con tu madre y paseando entre los naranjos. Habían sucedido tantas cosas que me costó un gran esfuerzo volver a la rutina. Unas veces sentía que todo aquello había sido un sueño; otras, en cambio, percibía un amargo despertar del que quería alejarme cuanto antes. A veces mi padre me vigilaba. Él, al igual que todos, pensaba que aquellos largos paseos en solitario eran a causa de mi tristeza y temía que no fuese lo suficientemente fuerte como para poder afrontarlo. Una tarde, después de unos meses, se me acercó, me cogió del brazo, y me dijo:

-María, deberías centrar tu vida en esta plantación; eres la única heredera y debes cuidarla, para que un día tu hija pueda vivir de ella, como tú ahora.

Aquellas palabras me hicieron volver a la realidad. Llevaba meses pensando en todo lo que había pasado y no mi di cuenta de que tenía que enfrentarme a ni destino. A partir de ese día me propuse con toda firmeza seguir el consejo de mi padre. Lisa y los naranjos se convirtieron en lo más importante de mi vida.

Todavía recuerdo un año, antes de que muriese tu abuelo, que tuvimos que repoblar toda la hacienda, ya que los viejos naranjos habían quedado destruidos por las fuertes heladas de 1955.

-Siempre había pensado que estas tierras eran de clima templado –intervino Bernat-. Me dejas sorprendido; nunca me hubiera imaginado que habían sufrido una helada tan terrible.

– Y en realidad son de clima templado –afirmó María- ; aquel año fue excepcional. Un viento procedente de Siberia, traspasó las montañas y arrasó todo el valle. Poco a poco, las ramas fueron perdiendo fuerzas y las hojas se tornaron amarillentas, desprendiéndose con facilidad. Toda la tierra se convirtió entonces en una gigantesca alfombra seca. Con gran tristeza contemplábamos impotentes cómo el campo iba muriéndose lentamente, y aquella huerta siempre verde, se trasformó en un paisaje desolado de hambre y miseria. Fue una ruina.

Pero pronto nos dimos cuenta de que con nuestros lamentos no salvaríamos nuestra huerta y sabíamos que si queríamos sobrevivir teníamos que enfrentarnos  a la catástrofe y empezar de nuevo. Así que arrancamos los viejos y dañados naranjos, preparamos la tierra adecuadamente, y plantamos otros nuevos. Aquellos naranjos fueron creciendo al mismo tiempo que lo hacía tu madre.

 

 

 

dejanos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR